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Los liberales y la lucha por los derechos de las mujeres | Ainara Ferrer Henderson

Ainara Ferrer

David Boaz afirma que "Las mujeres jugaron un papel importante en el lanzamiento del movimiento liberal y las mujeres con valores liberales también han tenido un papel importante en la promoción de los derechos de las mujeres".

Las mujeres jugaron un papel importante en el lanzamiento del movimiento liberal y las mujeres con valores liberales también han tenido un papel importante en la promoción de los derechos de las mujeres.

En el año oscuro de 1943, en las profundidades de la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto, cuando el gobierno más poderoso en la historia de EE.UU. se alió con un poder totalitario para derrotar a otro, tres notables mujeres publicaron libros que podría decirse que dieron luz al movimiento liberal moderno. Stephen Cox, biógrafo de Isabel Paterson, escribe que "las mujeres fueron más importantes en la creación del movimiento liberal de lo que fueron en la creación de cualquier movimiento político no centrado exclusivamente en los derechos de las mujeres".
Rose Wilder Lane
Rose Wilder Lane
Rose Wilder Lane, la hija de Laura Ingalls Wilder, que escribió La casa de la pradera y otras historias acerca del áspero individualismo estadounidense, publicó un apasionante ensayo histórico llamado El descubrimiento de la libertad. Isabel Paterson, crítica literaria y novelista, produjo El Dios de la Máquina, que defendía al individualismo como la fuente de progreso en el mundo. Y la más famosa, Ayn Rand, publicó El Manantial.
Estas mujeres eran todas muy diferentes. Difícilmente se podía ser más tradicionalmente estadounidense que Lane, siendo la hija de la exitosa cronista de la frontera estadounidense. Viajó por toda Europa como periodista después de la Primera Guerra Mundial y vivió durante largos periodos en Albania. Paterson también nació en una familia pobre de granjeros, aunque en Canadá. Llegó a Vancouver y luego a Nueva York, donde se convirtió en una importante columnista de periódicos. Ayn Rand nació en la Rusia zarista y llegó a EE.UU. después de la toma de poder por los comunistas, decidida a escribir novelas y guiones de cine en su lengua adoptiva.
Las tres mujeres se hicieron amigas, aunque estas tres resueltas individualistas finalmente se pelearon por diferencias religiosas y políticas. Sin embargo, para entonces, la tradición individualista en EE.UU. había resurgido, y un movimiento en ciernes estaba en marcha.
Paterson, Lane, y Rand no fueron, sin embargo, las primeras mujeres liberales en abogar por los derechos individuales.
La igualdad y el individualismo subyacentes en el surgimiento del capitalismo y el gobierno republicano en el siglo XVIII  llevaron naturalmente a que la gente empezara a preguntarse por los derechos de las mujeres y de los esclavos, especialmente de los esclavos afroamericanos en EE.UU. No es casualidad que el feminismo y el abolicionismo surgieron del fermento de la Revolución Industrial, la Revolución Estadounidense  y la Revolución Francesa. Del mismo modo en que una mejor comprensión de los derechos naturales se desarrolló durante la lucha estadounidense contra las injusticias puntuales sufridas por las colonias, la feminista y abolicionista Angelina Grimké señaló en una carta de 1837 a Catherine E. Beecher, "He encontrado que  la causa contra la esclavitud es la gran escuela de moral en nuestra tierra —aquella en la que los derechos humanos son plenamente investigados, y mejor comprendidos y enseñados, que en cualquier otra".

Las cartas recogidas de Mary Wollstonecraft
Sonreirás ante una observación que se me acaba de ocurrir: "Considero esas mentes como las más fuertes y originales, cuya imaginación actúa como un estímulo para sus sentidos", escribió Mary Wollstonecraft en una carta contemplando el papel de la imaginación en las relaciones humanas. . La ilustrada feminista y famosa autora de La reivindicación de los derechos de la mujer, Wollstonecraft fue también una de las escritoras de cartas más distintivas del siglo XVIII.
Las cartas recogidas de Mary Wollstonecraft
Mary Wollstonecraft (esposa de William Godwin y madre de Mary Wollstonecraft Shelley, la autora de Frankenstein) respondió al ensayo de Edmund Burke Reflexiones sobre la Revolución en Francia en su escrito Una vindicación de los derechos del hombre, en el que argumentó que "el derecho de nacimiento del hombre... es tal grado de libertad, civil y religiosa, como el que sea compatible con la libertad de cualquier otro individuo con el que está unido en un pacto social".
Apenas dos años después, en 1792, publicó Una vindicación de los derechos de la mujer, donde se preguntaba "si, cuando los hombres luchan en favor de su libertad... no sería inconsistente e injusto subyugar a la mujer?"
Las mujeres que participaron en el movimiento abolicionista estadounidense también tomaron la bandera feminista, fundamentando sus argumentos en ambos casos en la idea de la propiedad sobre uno mismo, el derecho fundamental de la propiedad en la propia persona. Angelina Grimké basó sus trabajos sobre el abolicionismo y los derechos de las mujeres, de forma explícita en el fundamento liberal de Locke: "Los seres humanos tienen derechos, porque son seres morales: los derechos de todos los hombres nacen de su naturaleza moral; y como todos los hombres tienen la misma naturaleza moral, todos tienen esencialmente los mismos derechos.... Si los derechos se basan en la naturaleza de nuestro ser moral, entonces la mera circunstancia del sexo no da al hombre derechos y responsabilidades superiores que a las mujeres". Su hermana, Sarah Grimké, también activista en favor de los derechos de los negros y de las mujeres, criticaba el principio legal anglo-americano por el cual una esposa no era responsable de un crimen cometido a través de las directivas de su marido o incluso en su presencia. En una carta a la Sociedad de Mujeres en contra de la Esclavitud de Boston escribió: "Sería difícil crear una ley mejor calculada para destruir la responsabilidad de la mujer como ser moral, o como un agente libre". En esas líneas, enfatizó el punto fundamental del  individualismo, que cada individuo debe, y sólo un individuo puede hacerlo, asumir la responsabilidad de sus acciones.
La Declaración de Sentimientos adoptada en la histórica Convención de Seneca Falls en 1848 conscientemente reflejó tanto la forma como el liberalismo de los derechos naturales Lockeanos de la Declaración de Independencia, ampliando sus reclamos de derechos, para declarar que "todos los hombres y mujeres son creados iguales", dotados de los derechos inalienables a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. El documento señala que a las mujeres se les niega la responsabilidad moral por su falta de capacidad legal y concluye que las mujeres han sido "privadas de sus derechos más sagrados" por "leyes injustas". Esa vertiente liberal clásica e individualista del pensamiento feminista continuó en el siglo XX, en la medida en que las feministas lucharon no sólo por el voto, sino también por la libertad sexual, el acceso al control de la natalidad, el derecho a la propiedad, y a celebrar contratos.
Dentro de las escritoras liberales feministas de finales del siglo XIX y principios del siglo XX se encuentran Voltairine de Cleyre, Lillian Harman, y Suzanne LaFollette. Wendy McElroy compiló algunos de sus escritos en Libertad, individualismo y el Estado. Joan Kennedy Taylor desarrolló la idea en su libro de 1992, Reclaiming the Mainstream: Individualist Feminism Rediscovered (Recuperando la corriente dominante: el feminismo individualista redescubierto).
Un liberal debe necesariamente ser feminista, en el sentido de ser un defensor de la igualdad ante la ley para todos los hombres y mujeres, aunque por desgracia muchas feministas contemporáneas están lejos de ser liberales. El liberalismo es una filosofía política, no una guía completa para la vida. Un hombre y una mujer liberales pueden decidir tener un matrimonio tradicional en que el hombre trabaja y la mujer no, pero es parte de su acuerdo voluntario. La única cosa que nos dice el  liberalismo es que son iguales en el ámbito de la política y tienen pleno derecho a elegir el tipo de vida que prefieren.
En su libro Justicia de Género, David L. Kirp, Mark G. Yudof, y Marlene Strong Franks apoyaron este concepto liberal del feminismo: "No es ni la igualdad en el sentido de ser parecidos, ni la igualdad en la diversidad que comprende adecuadamente la cuestión, sino el concepto muy distinto de igual libertad ante la ley, enraizada en la idea de la autonomía individual".
Este artículo fue publicado originalmente en Huffington Post (EE.UU.) el 23 de marzo de 2015.

La diferencia entre ser femenina y feminista | Ainara Ferrer Henderson

Ainara Ferrer

El Principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre, no me quita de ser femenina, es lo que nos distingue a las mujeres, yo no quiero ser masculina, no quiero ocupar el espacio o el rol del hombre, ni dejar de maquillarme o ser coqueta y vestirme a mi gusto incluso para gustar a los demás, ni estar reñida con la maternidad, el cuidado de la casa y de la cocina o de que yo misma sea quien críe a mis hijos.

Hay mujeres que están enfermas del sentido de la culpa y se pasan el día flagelándose y pensando que están cometiendo un gran pecado. La frase que más se repiten a lo largo del día es el tengo que..., ser la mejor madre, esposa, hija, hermana, amiga, trabajadora... y esto es totalmente incompatible con nuestro tiempo y estabilidad emocional.

A las feministas de hoy no les gusta cuando el reloj biológico suena, para muchas esta pura realidad en que las prioridades cambian y muchas mujeres no queremos ser directivas de empresa, ni cargos que nos priven de administrar nuestro tiempo de otra manera, queremos tener niños, cuidar nuestra casa, ser esposas sin dejar de ser trabajadoras y tener nuestra propia independencia tanto económica y laboral como de tomar nuestras propias decisiones, sin dejar de ser madres, esposas, hermanas o amigas.

Hay mujeres que no quieren ser madres y otras quieren serlo sin dejar de ser femenina, mujer y profesional, de las que no sentimos que en la vida se tenga que elegir y se pueda tener, con cierta dificultad y esfuerzo añadido, el disfrute de ambas pasiones.
La mujer femenina, tiene esa extraña habilidad de comprometerse y salir airosa de las batallas del día a día, sabe estar y donde tiene que estar, no necesita que le marquen la ruta, pues ella misma es su capitana.
Las nuevas feministas, están confundiendo todo esto, llegando incluso a culpar al hombre por el mero hecho de haber nacido hombre y queriendo cambiar el orden natural de nuestra especie, confundiendo los derechos y oportunidades iguales para todos (hombres y mujeres) con la guerra frontal contra el hombre por el mero hecho de serlo. Gran error, nosotras necesitamos a los hombres y ellos nos necesitan a nosotras.
Pocas feministas se habrán librado de escuchar frases de boca de otras mujeres cuando se habla de masculinidad, de violencia de género o de feminismo en general: "no sé con los hombres que habrás dado tú, pero los de mi entorno son maravillosos", o esta otra "has debido tener muy mala suerte con los hombres para hablar así de ellos". O directamente esta: "No soy feminista porque no odio a los hombres".


Muchos de los principios del feminismo han sido malinterpretados y tergiversados. Para que esto no siga ocurriendo, es importante que quien sabe lo que significa el feminismo ponga su granito de arena en cuanto al tema de educación se refiere. El buen feminismo no puede odiar a los hombres porque sabe que sin importar el género todos podemos ser miembros valiosos y aportar desde nuestras respectivas trincheras. Además, la existencia de la especie en la tierra no sería posible sin la unión de un hombre y una mujer, por lo que sería demasiado retrógrado e innecesario tratar de disminuir la importancia de los hombres.
Una mujer femenina, no necesita ser parte de estas nuevas feministas para conseguir sus objetivos o marcar sus metas, solo debe de luchar por una justicia igual y imparcial para todo el mundo, sea del género que sea.