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Rasgos principales de la Constitución de 1812

Las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812


La Constitución de 1812
Aprobada el 19 de marzo de 1812 y popularmente conocida como “La Pepa”, este texto legal fue la primera constitución liberal del país. La constitución de 1812 es uno de los grandes textos liberales de la historia, siendo muy célebre en su tiempo. 
 Los diputados liberal Agustín Argüelles, Diego Muñoz Torrero y Pérez de Castro son las figuras más destacadas en su elaboración. 
Estos son los rasgos principales de la Constitución

  • Soberanía nacional. El poder reside en la nación, idea opuesta a la soberanía monárquica.
     
  • División de Poderes.
    • Poder legislativo: Cortes Unicamerales
    • Poder judicial: tribunales
    • Poder ejecutivo: Rey, pero con importantes limitaciones:
      • Sus órdenes deben ir validadas por la firma del Ministro correspondiente.
      • No puede disolver las Cortes
      • Veto suspensivo transitorio durante dos años, tras ello la decisión de las Cortes se convierte en ley.
      • Nombra a los ministros, pero estos deben ser refrendados por las Cortes (“doble confianza”)
         
  • Nuevo derecho de representación. La nación ejerce su soberanía mediante sus representantes en Cortes.
     
  • Complicado procedimiento electoral por sufragio universal masculino indirecto en cuarto grado. Derecho de voto: todos los hombres mayores de 25 años, que elegían a unos compromisarios que a su vez elegían a los diputados.
     
  • Igualdad de los ciudadanos ante la ley. Esto supuso el fiin de los privilegios estamentales.
     
  • Se omite toda referencia a los territorios con fueros, lo que equivalía a su no reconocimiento. No obstante, los regímenes forales de las provincias vascas y de Navarra no se derogaron esplícitamente.
     
  • Reconocimiento de derechos individuales: a la educación, libertad de imprenta, inviolabilidad del domicilio, a la libertad y a la propiedad.
     
  • El catolicismo es la única confesión religiosa permitida. La necesidad de contar con la colaboración del clero en la lucha contra los franceses explica este rasgo intolerante que choca con el espíritu avanzado de la constitución.

José de Espiga y Gadea - Padre de La Pepa

  • José de Espiga y Gadea, jurista y experto en asuntos religiosos, fue, pese a sus orígenes palentinos, uno de los diputados por el Principado de Cataluña en las Cortes de Cádiz, de los más firmes apoyos de las vanguardistas propuestas de Argüelles.

José de Espiga y Gadea (Palenzuela, 1758 - Tierra de Campos, 1824), fue un clérigo, jurista y político liberal español.

Ejerció como archidiácono en Benasque y como canónigo en la catedral de Lérida y en la iglesia de San Isidro de Madrid. Fue capellán de honor del rey Carlos IV y auditor del Tribunal de la Rota (1800). De orientación regalista y jansenista, se le considera el autor intelectual del decreto de Urquijo (1799) que dejaba en manos del rey la elección y confirmación de obispos, y en éstos la mayor parte de las competencias papales. Como consecuencia de este asunto fue apartado de la Corte y volvió a Lérida.

Instalado en Barcelona al inicio de la Guerra de Independencia (1808), participó en una conspiración antifrancesa contra el general Guillaume Philibert Duhesme. Fue vocal por Lérida en la Junta Suprema de Cataluña y en 1810 fue elegido diputado por el Principado de Cataluña en las Cortes de Cádiz.

En Cádiz formó parte de la comisión de doce diputados que redactó el borrador de la Constitución de 1812. Se destacó por su apoyo a las posiciones liberales de Agustín Argüelles; caracterizándose por su impaciencia:
Si continuamos en discutir la Constitución tan prolija y ridículamente, no acabaremos en muchos meses lo que tanta inquietud espera la nación.
Votó a favor de la supresión de la Inquisición. Junto con Andrés Jáuregui (diputado por La Habana) elaboró el decreto para la formación de los nuevos ayuntamientos (1811). Se enfrentó tanto con los diputados americanos como con otros diputados catalanes (Ramón Lázaro de Dou y Felip Aner d'Esteve) por sus propuestas territoriales uniformistas.

Volvió a ser elegido diputado en 1813; y tras el paréntesis del sexenio absolutista, en 1820, fue el primer presidente de las Cortes del Trienio Liberal.

Fue nombrado arzobispo de Sevilla (1820-1822), cargo en el que no fue reconocido por la Santa Sede. En 1823 fue elegido miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.

Evolucionó a posiciones más moderadas, especialmente en cuestiones religiosas.

Uno de los doce hombres de la Comisión que redactó el borrador constitucional, sin su respaldo las tesis de Argüelles habrían tenido mucho más complicado imponerse frente a la oposición de los más adictos al absolutismo y los más refractarios al progreso de las ideas del liberalismo. 

Hombre resolutivo, a Espiga le exasperaban los debates cuando se eternizaban encallados en lo que para él eran minucias doctrinales. Por eso alertó a sus compañeros constituyentes de que "si continuamos en discutir la Constitución tan prolija y ridículamente, no acabaremos en muchos meses lo que tanta inquietud espera la nación". 

Al final, los trabajos concluyeron con éxito y el impaciente Espiga vio su nombre grabado en los anales de la historia. Tras contribuir a alumbrar "La Pepa", Espiga fue evolucionando hacia posiciones más conservadoras y, sobre todo, más en línea con lo propugnado por el Papa. 

Falleció en 1824 en Tierra de Campos, Palencia.

Diego Muñoz Torrero - Padre de La Pepa

  • Diego Muñoz se ha considerado una de las figuras mas importantes en las Cortes , ya que puede considerarse uno de los padres de la Constitución de Cádiz de 1812 porque defendió la soberanía nacional , la liberad de imprenta y la supresión de la Inquisición. En 1811 se le nombró presidente de las Cortes.

Diego Muñoz Torrero nació en Badajoz en 1761, fue sacerdote, catedrático y político español. Hizo sus estudios en la Universidad de Salamanca, donde se ordenó sacerdote y mas tarde fue rector. Cuando estalló la Guerra de la Independencia fue nombrado diputado por Extremadura y mas tarde fue diputado en las Cortes de Cádiz.

El sacerdote Diego Muñoz Torrero fue otra alma mater de la Carta Magna de 1812, cuya comisión ponente presidió. Fue este extremeño, liberal convencido y artífice del fin de la Inquisición española, quien pronunció el discurso con el que se iniciaron las sesiones de las cortes reunidas en la Isla del León. 

Catedrático de Filosofía, antes de llegar a la decisiva cita de Cádiz, el padre Muñoz-Torrero había sido rector de la Universidad de Salamanca. En aquella histórica sesión parlamentaria trazó las que para él debían ser ideas fundamentales de la Constitución en ciernes, algunas de ellas verdaderamente revolucionarias para un clérigo de la época. Defendió que la soberanía nacional residía en el pueblo español y no en ningún monarca, abogó encendidamente por la libertad de prensa y se mostró partidario de la supresión del Santo Oficio, que se había convertido en un tribunal politizado al que cada facción política intentaba instrumentalizar como ariete contra sus oponentes. También propugnó la abolición del régimen de señoríos. Sus indomables convicciones le depararon muchos padecimientos. 

Tras el nuevo viraje hacia el absolutismo, a partir de la nueva intervención francesa con la invasión de los Cien Mil Hijos de San Luis en 1823, huyó a Portugal, donde fue apresado. Pasó los últimos años de su vida encerrado, no era la primera vez, y torturado en la torre de San Julián de la Barra, donde murió en 1829. Su triste final y su accidentada biografía llevaron a autores como Rubio Llorente a definirle como un "liberal trágico".

Evaristo Pérez de Castro - Padre de La Pepa

  • Pérez de Castro contribuyó decisivamente a dos de los pilares de la Constitución de 1812: el principio de la soberanía nacional y el reconocimiento del derecho a la libertad de imprenta. 

Evaristo Pérez de Castro y Colomera nació en Valladolid en 1771 y era hijo de Pedro Antonio Pérez de Castro y María Colomera. La familia gozaba de una buena posición social por los cargos desempeñados por su padre como secretario de la Suprema Junta de Caballería y del Consejo de Su Majestad, lo que le permitió realizar sus estudios universitarios en Alcalá de Henares. En 1796, contando 25 años, conseguía la titulación de "Joven de Lenguas" en la ciudad de Berlín, pasando a ejercer dos años después el cargo de Oficial en la embajada española en Viena y poco más tarde la oficialía mayor en la Secretaría de Estado.

Se iniciaba así una fructífera carrera política en unos años convulsos para España, marcados por la invasión napoleónica de la península, la Guerra de la Independencia y los inciertos gobiernos que se sucedieron.

Después de ocupar en 1800 el puesto de secretario en la Encargaduría de Negocios de Lisboa, durante la estancia de Napoleón en España fue enviado a Madrid por Fernando VII para llevar a cabo una misión secreta ante la Junta de Gobierno que por entonces presidía Murat. Allí permaneció hasta que el 17 de enero de 1809 marchó a Sevilla, donde la Junta Central le nombró Encargado de Negocios en Lisboa, cuyo cometido, como enviado extraordinario, fue el gestionar la predisposición de Portugal para luchar aliada con España contra las tropas napoleónicas, labor en la que estuvo ocupado durante algunos meses de 1809 y 1810, hasta que la junta de gobierno le comisionó para que se entrevistara en Bayona con el rey Fernando VII, cautivo de Napoleón en aquella ciudad.

Evaristo Pérez de Castro fue elegido diputado suplente por la provincia de Valladolid el 21 de septiembre de 1810. Como secretario de las Cortes de Cádiz y de la Comisión Constitucional desempeñó un puesto destacado como redactor y firmante de la Constitución de 1812, la Pepa, que tras una serie de sesiones en el improvisado oratorio gaditano de San Felipe Neri fue proclamada públicamente el 19 de marzo de 1812 a las puertas de aquel lugar, como ilustra la monumental pintura sobre lienzo titulada "Promulgación de la Constitución de Cádiz", que fue realizada entre 1910 y 1912 por el pintor Salvador Viniegra y que actualmente ocupa una de las salas del Museo de las Cortes de Cádiz, inaugurado el 5 de octubre de 1912 con motivo del primer Centenario de las Cortes y de la Constitución de Cádiz.

Pérez de Castro se movió toda su vida en los aledaños del poder, llegando incluso a la Presidencia del Gobierno, cargo que ocupó año y medio 1838 y 1840. Como tantos españoles del turbulento siglo XIX, se vio obligado a exiliarse cuando triunfaron opciones políticas que no eran las suyas, en concreto cuando Baldomero Espartero fue proclamado regente. Regresó en 1843. Murió en Madrid en 1848.
Igualmente conviene recordar su apoyo, como primer Secretario de las Cortes de Cádiz, al decreto de Argüelles sobre la libertad de imprenta en España.

Agustín de Argüelles Álvarez - Padre de La Pepa

  • Agustín de Argüelles Álvarez (Ribadesella, 18 de agosto de 1776 – Madrid, 26 de marzo de 1844), apodado «el Divino» por su oratoria durante las Cortes de Cádiz, abogado, político y diplomático español, fue presidente de las Cortes en 1841 y tutor de la reina Isabel II.

La voz de este insigne jurista asturiano, nacido en Ribadesella, fue la más vigorosa en las deliberaciones de los constituyentes. 
Por encima de los bombazos de los franceses y de los gritos combativos de la población gaditana, el eco de las palabras de Argüelles resuena en la actualidad en su noble afán por moldear con mimbres humanitarios ese sujeto que se asomaba a la posteridad, la nación española.

Las convicciones de Argüelles quedaron claras en sus piadosos alegatos contra dos de las herencias de la España imperial, la esclavitud y la tortura. Existía entonces todavía la figura del tormento, a la que los jueces podían recurrir para arrancar confesión de los sospechosos.

Argüelles dejó claro que una práctica así no podía subsistir porque "repugna a los sentimientos de de humanidad y dulzura que son tan propios de una nación grande", como él entendía que debía ser la española. El artículo 303 de la Constitución recogería la abolición del tormento.

Tuvo menos éxito en su lucha contra la esclavitud, "infame tráfico, opuesto a la pureza y liberalidad de la nación española". No consiguió que la Constitución recogiera sus demandas, pero en las conciencias de sus compañeros de cortes dejó clavadas sus palabras: "Comerciar con la sangre de nuestros hermanos es horrendo, es atroz, es inhumano", denunció. Aunque descartó la manumisión de los esclavos propiedad de las élites coloniales en América. Lo avanzado de su discurso tuvo como límite evitar la colisión frontal con las clases propietarias.

Abocado al exilio con la restauración del absolutismo tras el regreso de Fernando VII, volvió a España para participar en la redacción de la Constitución de 1837. Murió en 1844. Sin duda, merece ser reconocido como uno de los padres del liberalismo español.
Agustín de Argüelles, abogado, diplomático y político liberal, participó activamente en la redacción del texto constitucional: Las Cortes de Cádiz, examen histórico de la reforma constitucional que hicieron las Cortes generales y extraordinarias desde... el día 24 de septiembre de 1810 hasta que cerraron... en 14 del propio mes de 1813.

Agustín de Argüelles, el 'Divino' asturiano
por Sofía Sancho
Gaspar Melchor de Jovellanos o el Conde de Toreno fueron asturianos coetáneos de AGUSTÍN DE ARGÜELLES, uno de los padres de la Constitución y nombre ilustre de la política nacional. Tutor de Isabel II, diputado en las Cortes de Cádiz y uno de los autores del discurso preliminar de 'La Pepa', áquel que contenía el verdadero espíritu de la Carta Magna y que firmó junto a Antonio Espiga.

Ribadesella (Asturias) fue el pueblo que vio nacer a Agustín de Argüelles, el 18 de agosto de 1776. Séptimo hijo de una familia de clase media, estudió Cánones y Leyes en la universidad de Oviedo, una de las 10 universidades que, a principios del siglo XIX, se repartían por el territorio español. Recién salido de la institución académica, Jovellanos quiso contar con él para un viaje a la corte rusa encargado por Godoy, que nunca llegó a realizar ya que el autor de 'El delincuente honrado' fue nombrado Ministro de Gracia y Justicia. En ese momento, Argüelles comenzó a trabajar para el obispo de Barcelona, el también asturiano Pedro Díaz Valdés.

Con el comienzo del siglo XIX, Argüelles comenzó su andadura como funcionario en Madrid. Destacó entonces en la Secretaría de Interpretación de Lenguas por su conocimiento del inglés y viajó a Londres para gestionar una alianza en contra de Napoleón, periplo que aprovechó para hacer algunas de las relaciones a las que recurriría cuando marchó al exilio. En la capital británica se encontró con otros compatriotas, como el Conde de Toreno, junto al que forjó una amistad tan duradera que se postergó para el recuerdo en la Historia de España.

Mientras Argüelles se aficionaba al té de las cinco, en España comenzaban a arder los cañones. En mayo y junio de 1808, se produjeron los primeros levantamientos contra el invasor francés. El pueblo español esperaba el regreso del asturiano con refuerzos ingleses. Nada más lejos de la realidad, puesto que Argüelles fracasó en su empresa y llegó con las manos vacías. Fue nombrado secretario de la Junta de Legislación en Sevilla, cuyos acuerdos fueron los precedentes de los decretos de las Cortes y del proyecto constitucional. Entre el avance de las tropas napoleónicas y la resistencia de las nacionales, la Constitución empezaba a gestarse y Argüelles era una de las cabezas visibles de su elaboración.

Argüelles y los de su grupo presionaron con folletos, manifestaciones callejeras, bandos y, de forma oficial, se reunieron con Fernando VII para requerir la convocatoria inmediata de las Cortes. Una vez formadas por primera vez, en la Isla de León en septiembre de 1810, el asturiano empezó a sobresalir por sus discursos. Apodado 'el Divino', Argüelles tuvo fama de buen orador, aunque desordenado y poco profundo. "Suplía en él la vehemencia de los afectos al vigor de los raciocinios", decía un moderado. Demostró gran capacidad de liderazgo y quiso convertirse en adalid de los liberales en las Cortes.

Tras el golpe de estado perpetrado por Fernando VII en mayo de 1814, Argüelles fue perseguido, al igual que otros muchos liberales. Tras seis años preso en cárceles de Ceuta y Mallorca, a mediados de marzo de 1820 fue liberado por una amnistía para los presos políticos. Llegó a Valencia el 6 de mayo, donde fue recibido como un héroe.

Pulsa para aumentar
Con la llegada de la década ominosa en 1823, se exilió, decantándose por Londres, donde la vida no fue fácil para Argüelles. Tuvo que vivir de los regalos que le hacían algunos antiguos compañeros, como Toreno, y del trabajo que consiguió en la biblioteca de su amigo Lord Holland (al que conoció en su primer viaje a las islas británicas).

Sería en 1833, con la regente María Cristina y la amnistía a los exiliados, cuando Argüelles volvió a las Cortes, pero esta vez en un segundo plano (como auxiliar). Participó en la redacción de la Constitución de 1837 y fue diputado de todas las legislaturas hasta que en 1841 fue nombrado presidente del Congreso y, años después, tutor de la reina Isabel II.

El 23 de marzo de 1844 Agustín de Argüelles falleció en Madrid sin haber podido regresar a su pueblo natal, Ribadesella. Murió rodeado de austeridad, tal y como había vivido, y a su entierro asistieron todas las facciones políticas.
Eduardo Asquerino, progresista, diputado en las Cortes, senador por Valencia, Cádiz e Islas Baleares, director de 'El Universal' y de 'La América' y hermano del también escritor Eusebio Asquerino honraba con sus palabras a Argüelles:
"Aunque tu aliento a su rigor sucumba, te hicieron inmortal gloriosos hechos: flores han de sobrar sobre tu tumba, mientras respiren liberales pechos".